DE LA AMISTAD DE GÓMEZ Y MARTÍ (II FINAL )

Por Dailyn Sordo Pelaez
deesmbarco-por-playitas-2

Para 1887, Marti dirige uma nueva carta a Gomez , desde New York, donde deja claro su intencion de reorganizar la lucha:” Con la fe de la honradez y la fuerza del patriotismo nos dirigimos a Vd. por encargo de los Cubanos de New York excitados y acompañados por los de Cayo Hueso y Filadelfia, para tomar su parecer, y exponerle el de los cubanos de esta Ciudad, sobre el modo más rápido y certero de organizar por fin, dentro y fuera de Cuba, con la cordialidad digna de las grandes causas, la guerra que ya mira el país con menos miedo, y en que parece estar hoy su esperanza única.”…. “La hora parece llegada. Los enemigos de la revolución se dividen y desordenan. El país está a punto de perder su último pretexto para demorar la solución que defendemos.”

 El análisis de las causas que impidieron el éxito de los cubanos en la Guerra de los Diez Años hizo comprender a Martí que la unidad era un factor imprescindible para el triunfo sobre el colonialismo español, es por ello que a partir de 1891 dedicaría todas sus energías en crear una institución de nuevo tipo, estructurar una fuerte y solida unidad revolucionaria, única en la historia de América Latina: El Partido Revolucionario Cubano, un partido para la independencia. Nadie como Martí admiraba y exaltaba los extraordinarios méritos y virtudes de los jefes militares cubano. Para Martí, organizar un ejército era un objetivo primordial, pero necesitaba de que un experimentado jefe veterano del 68 ocupara el cargo de General en Jefe, y propuso a Máximo Gómez, quien acepto, y fue aprobado por votación de los veteranos del 68. Gómez se encargo de la organización militar con los recursos del PRC. Más adelante, Antonio Maceo acepto ser el Lugarteniente General. Martí y Gómez orientaron al delegado nacional Juan Gualberto Gómez, la creación del ramo militar paralelo al civil en cada provincia. Los veteranos se organizaron militarmente según los grados adquiridos en las anteriores contiendas, y conformaron el embrión del futuro ejército libertador.

El Partido Revolucionario Cubano creado por el Apóstol, no era una organización política más, sino que constituía una agrupación pluriclasista y político-militar. La guerra de liberación Nacional organizada por el PRC tenía un carácter antioligárquico y antiimperialista, y traía consigo las condiciones para asegurar la permanencia de una república democrática. Las bases del Partido Revolucionario Cubano expresaba un profundo planteo latinoamericanista: no sólo se luchaba por la Independencia de Cuba sino también para “fomentar y auxiliar la de Puerto Rico”.(1)

marti_gomez_maceo-cmbfradio

Ahora, en 1892, ya fundado el Partido Revolucionario para garantizar la unidad de las fuerzas patriotas, el ánimo de aquellas almas superiores estaba preparado para la reconciliación y la amistad sincera.

Sucedió entonces que amigos mutuos se dieron a la tarea de acercar a ambos próceres, y a cada uno le presentaron cartas donde el otro opinaba con sincera admiración sobre su persona. Así, por ejemplo, el noble general Serafín Sánchez, hijo de Sancti Spíritus, pone en conocimiento de Martí la carta donde Gómez expresa su admiración por el pensador desterrado, y afirma no tener ninguna duda de su capacidad para pelear por su patria, con las armas en las manos, como el que más. Leída esta opinión de aquel maestro de la guerra, tan ríspido en sus recriminaciones como parco en elogios, Martí sale a encontrarse con él en tierras dominicanas…(2)

Creado el Partido y limadas las diferencias y recelos que habían alejado a Máximo Gómez y José Martí, este se dirige al Generalísimo en carta fechada el 13 de septiembre de 1892:” Si el Partido Revolucionario Cubano fuese una mera intentona, o serie de ellas, que desatase sobre el sagrado suelo de la patria una guerra tenebrosa, sin composición bastante ni fines de desinterés, o una campaña rudimentaria que pretendiese resolver con las ideas vagas y el valor ensoberbecido los problemas complicados de ciencia política de un pueblo donde se reunen, entre vecinos codiciados o peligrosos, todas las crudezas de la civilización y todas las capacidades y perfecciones;—si fuese una revolución incompleta­­, de más adorno [palabras] que alma, que en el roce natural y sano con los elementos burdos que ha de redimir, vacilara o se echase atrás, por miedo a las consecuencias naturales y necesarias de la redención, o por el puntillo desdeñoso de una inhumana y punible superioridad;—si fuese una revolución falseada, que por el deseo de predominio o el temor a la sana novedad o trabajo directo de una república naciente, se disimulase bajo el lema santo de la independencia, a fin de torcer, con el influjo ganado por él, las fuerzas reales de la revolución, y contrariar, con una política sinuosa y parcial, sin libertad y sin fe, la voluntad democrática y composición equitativa de los elementos confusos e impetuosos del país;—si fuese un ensayo imperfecto, o una recaída histórica, o el empeño novel del apetito de renombre, o la empresa inoportuna del hervismo fanático,—no tendría derecho el Partido Revolucionario Cubano a solicitar el concurso de un hombre cuya gloria merecida, en la prueba larga y real de las virtudes más difíciles, no puede contribuir a llevar al país más conflictos que remedios, ni a arrojarlo en una guerra de mero sentimiento o destrucción, ni a estorbar y corromper, como en otras y muy tristes ocasiones históricas, la revolución piadosa y radical que animó a los héroes de la guerra de Yara, y le anima a Vd., hoy como ayer, la idea y el brazo.”( Gomez,1998).. Los tiempos grandes requieren grandes sacrificios; y yo vengo confiado a pedir [rogar] a Vd. que deje en manos de sus hijos nacientes y de su compañera abandonada la fortuna que les está levantando con rudo trabajo, para ayudar a Cuba a conquistar su libertad, con riesgo de la muerte: vengo a pedirle que cambie el orgullo de su bienestar y la paz gloriosa de su descanso por los azares de la revolución, y la amargura de la vida consagrada al servicio de los hombres. Y yo no dudo, señor Mayor General, que el Partido Revolucionario Cubano, que es hoy cuanto hay de visible de la revolución en que Vd. sangró y triunfó, obtendrá sus servicios en el ramo que le ofrece, a fin de ordenar, con el ejemplo de su abnegación y su pericia reconocida, la guerra republicana que el Partido está en la obligación de preparar, de acuerdo con la Isla, para la libertad y el bienestar de todos sus habitantes, y la independencia definitiva de las Antillas….

Vino luego el desastre: las flaquezas de la revolución; las divisiones de sus hombres de mando, y por último la caída en el malhadado Zanjón. Vencida la guerra, Máximo Gómez sale de Cuba, pobre, muy pobre, después de rechazar tentadoras ofertas que le hizo España. Vaga por Jamaica, Honduras, hasta que atraído por nuevas esperanzas, se pone al frente de otro movimiento, que fracasó al nacer. No era hora. Cuba estaba cansada, agotada, y los cubanos del extranjero comidos de egoísmo o enfermos de indiferencia. Desencantado entonces, huraño, llegó a Montecristi -lugar ya para siempre histórico,- donde se establece con su familia. Allí, labrando la tierra, arrancándole a la tierra, ingrata a veces, el sustento de los suyos, lo sorprendió la propaganda, la cálida propaganda que para preparar la nueva arremetida inició Martí junto con la fundación del Partido Revolucionario.

El comienzo de aquel año extraordinario de 1895 fue pródigo en acontecimientos vitales. El Apóstol de nuestra independencia salió de Estados Unidos profundamente dolido por la hipócrita parcialidad de sus autoridades, que vendían pertrechos bélicos a España y confiscaban los que a costa de increíbles sacrificios lograban reunir los cubanos, haciendo fracasar su bien elaborado Plan de Fernandina.

Repuesto un tanto del golpe desarmante, el Delegado del Partido Revolucionario Cubano mandó a Cuba la orden de alzamiento, dirigida a su representante en la Isla, Juan Gualberto Gómez, el cual se concretaría el domingo 24 de febrero, y de inmediato se fue a la República Dominicana.

Cuando Martí llega a Quisqueya el 6 de febrero, va inmediatamente en busca de Máximo Gómez, propuesto por él y aceptado por los principales exponentes militares de la anterior contienda para el cargo de General en Jefe del Ejército Libertador. En el encuentro, que se produce al día siguiente, el primero le informa en detalle al General todo lo ocurrido, y luego ambos se dedican a analizar los posibles derroteros a seguir(1)

El 25 de marzo de 1895, José Martí y Máximo Gómez, firmaron en Montecristi, en la localidad de Monte Cristi (República Dominicana), en el cual suscribieron el compromiso de marchar a Cuba a luchar por su Independencia. En este documento quedan expuestas de manera clara, las causas por las que el pueblo de Cuba se lanzaba a la lucha. Aclara también que la guerra de liberación no era contra el pueblo español, sino contra el régimen colonial existente en la isla durante más de tres siglos.

En la entrada del documento recordaron que “La revolución de independencia, iniciada en Yara, después de la preparación gloriosa y cruenta, ha entrado en Cuba en un nuevo período de guerra, en virtud del orden y acuerdos del Partido Revolucionario en el extranjero y en la Isla, y de la ejemplar congregación en él de todos los elementos consagrados al saneamiento y emancipación del país, para bien de América y del mundo; y los representantes electos de la revolución que hoy se confirma…”.

manifiesto-de-montecristi-580x751

El documento programático no promete, sino llama a apoyar la única vía que permitirá alcanzar un país donde el bienestar podrá obtenerse mediante el trabajo libre, abierto a todos, no por el contubernio con las autoridades coloniales.

En el Manifiesto de Montecristi, José Martí y Máximo Gómez dejaron claro que respetarían la integridad de los españoles que no enfrenten a los independentistas, porque el movimiento por la libertad de Cuba sólo arrollará a los que le salgan, imprevisores al camino (3)

casa-de-redaccion-manifiesto-montecristi-1024x719Casa donde se firmo el Manifiesto de Montecristi.

El mismo dia de su muerte el 19 de Mayo, 1895, Marti envia una ultima carta a gomez desde el campamento de La Vuelta Grande donde dice:

Sr. General Máximo Gómez:

Como a las cuatro salimos, para llegar a tiempo a la Vuelta, a donde pasó desde las diez la fuerza de Masó, a acampar, y reponer su muy cansada caballería: desde anoche llegaron. No estaré tranquilo hasta no verlo llegar a Vd. Le llevo bien cuidado el jolongo.

La fuerza aunque sin animales útiles, hubiera querido salir a seguirlo en la busca del convoy; pero temían confundirse en idas y venidas, en vez de serle útil. Mucho ha violentado a Masó el viaje inútil a la Sabana. Su    José Martí

Por su parte Gomez em carta enviada a Francisco María González en  1902, deja claro el carino, confianza y admiracion que por marti sentia:

JOSÉ MARTÍ Por: MÁXIMO GÓMEZ

Fue José Martí muy poco conocido de sus compatriotas, los cubanos, en el verdadero, esplendoroso apogeo de su gloria. La verdad sea dicha: yo no he conocido otro igual en más de treinta años que me encuentro al lado de los cubanos en su lucha por la independencia de la Patria.

Martí fue cariñosamente admirado en la tribuna, donde flageló siempre a la tiranía y se hizo amar del pueblo cuyos derechos defendía con tesón incansable.

Desde allí, al decir de muchos criollos y extraños, se hizo un hombre notable.

Supo buscar en el libro y en el periódico los mejores y más cariñosos factores poniéndolos al lado del obrero cubano en el taller de trabajo para que se instruyera, principalmente en el amor a las cosas de la Patria, y se sintiera después bien hallado con la nueva sociedad que debía venir; creándose de ese modo la República por le pueblo y para el pueblo. Predicó la escuela como la panacea que curaría todos nuestros males como consecuencia de una vida anterior de atraso crudísimo, de privilegio y oscurantismo.

Aún siendo niño se encaró contra el poder usurpador de los derechos de su Patria, y por eso vagó llevando un grillete al pie, pues buen cuidado había que tener la tiranía de apagar en Cuba toda lámpara que, como Plácido, pudiese dar algún destallo de luz.

Siempre lo fue Martí, en suma: activo, rebelde, contra todas las tiranías y usurpaciones.

Enhorabuena, todo eso es espléndido y edificador, sublime si se quiere; pero Martí no debió tener necesidad de hacer grandes esfuerzos para llenar esa misión que él mismo se había impuesto. Para aquel cerebro dotado de sorprendentes recursos intelectuales y para aquel hombre de gran corazón, debemos presumir que no era una empresa que ofreciese grandes dificultades que vencer.

El atrevimiento era mesurado, se tenía que contar con el tiempo y esperar que la semilla fructificara nuevamente después de tantos fracasos. La esperanza no había muerto en el corazón del pueblo, y Martí, hombre de penetración, comprendió eso y en esa grande y sólida base apoyó el extremo de su palanca.

Pero llegó un momento para Cuba en que Martí debía completarse y se completó, y he aquí donde yo lo he visto grande y hermoso y donde muy pocos tuvieron la ocasión de contemplarlo, consumando el mayor de los sacrificios: franco, sencillo y resuelto, y sin que pudiese esperar, halagado, el aplauso: porque en la guerra todo es duro y escueto. Frente a la muerte no se puede mentir, hasta allí no se puede llegar sino desnudo de ficciones.

Yo vi a Martí entero y sin decaimiento cuando el tremendo fracaso de La Fernandina, en donde lo perdimos todo, quedándonos sin recursos y sin crédito como premio doloroso de algunos años de ímprobo trabajo. ¡Qué días tan amargos aquellos que nos tenía preparados el destino! Al lado de la terrible contrariedad que sufrían unos hombres preparados con entusiasmo para una gloriosa empresa, ese fracaso no solamente dejaba comprometida aun la vida, sino también algo más grande, el honor. Preciso era en lance tan desesperado jugarse el todo por el todo, y vi entonces a Martí, sin miedo y resuelto a correr los azares de una suerte por demás incierta, cuando para cumplir la palabra empeñada con la propia conciencia y con la Patria, nos lanzamos a la mar en débil barquichuelo, llevándoles en vez del elemento de guerra a los compañeros combatientes ya, la dolorosa noticia del fracaso. Los hombres de honor que sepan apreciar aquella desairada situación nuestra, sobre todo para Martí, que era el director de las cosas de fuera, han de pensar, junto conmigo, que era preciso poseer una gran dosis de entereza para no sentirse desconcertado ante tamaño infortunio, y muy bien pudiera apreciarse de manera distinta para la vehemencia de la opinión pública, desesperada por ver realizada la empresa con tanta insistencia anunciada. El pueblo, y sobre todo los eternos enemigos de la Revolución, podrían decir con sobra de razón: “He aquí el parto de los montes”.

Después de eso vi a Martí resuelto y entero, cuando no contento el destino con la desgracia con la cual acababa de fustigarnos, dispuso fuésemos traicionados y abandonados en el mar por los mismos que se habían comprometido, mediante una retribución adelantada, a conducirnos a la tierra amada.

Momentos angustiosos fueron aquellos, capaces de meter miedo a los espíritus más fuertes y mejor templados y a los hombres como Martí no acostumbrados a los azares de la guerra. Extraño contraste, habíamos principiado con la más horrenda derrota, para obtener después, como se ha visto, la más espléndida victoria. Así ha sido Cuba y seguirá siéndolo.

Al fin vencimos de tantos trastornos y de tantas infamias y a costa de sacrificios sin cuento, y yo vi entonces también a Martí, atravesando las abruptas montañas de Baracoa con un rifle al hombro y una mochila a la espada, sin quejarse ni doblarse, al igual de un viejo soldado batallador, acostumbrado a marcha tan dura a través de aquella naturaleza salvaje, sin más amparo que Dios. Después de todo este martirizante calvario y cuando el sol que alumbraba las victorias principió a iluminar nuestro camino, yo vi a José Martí -¡qué día aquel!- erguido y hermoso en su caballo de batalla, en Boca de Dos Ríos. Como un venado, jinete, rodeado de aquellos diestros soldados, que nos recuerda la Historia, cubiertos de gloria en las pampas de Venezuela.

Allí, en Boca de Dos Ríos, y de esa manera gloriosa, murió José Martí. A esa gran altura se elevó para no descender jamás, porque su memoria está santificada por la Historia y por el amor, no solamente de sus conciudadanos, sino de la América toda también.(4)

El 17 de junio de 1905 falleció el Generalísimo Máximo Gómez Báez, a la edad de 68 años.

Murió pobre. Las generaciones que se han sucedido conservan intacta la admiración y devoción que ha merecido el Generalísimo por haber conducido al país hasta las riberas de la independencia creando en lo militar una táctica no aprendida en las academias, sino sobre el campo de batalla fruto de su genialidad.

Insigne revolucionario y jefe militar de excepcionales cualidades. Llegó a ocupar las más altas responsabilidades dentro del Ejército Libertador de Cuba durante las luchas independentistas frente al coloniaje español.

La admiración que José Martí sintió por Máximo Gómez fue siempre absoluta. Confiaba además en su sabiduría  y discreción;

Ambos héroes unieron sus caminos en muchas más cartas, encuentros y experiencias, siempre desde el respeto mutuo.

Fuente: 

1-Gusman,Pastor.( 25 marzo, 2015) Manifiesto de Montecristi: Proclama de la Guerra Necesaria. pag 1

2-Almaguer, Carlos Rodriguez.El primer viaje del apostol Jose Marti a Santo Domingo. 14 de mayo de 2016 . Recuperado de :

http://www.diariolibre.com/opinion/en-directo/el-primer-viaje-del-apostol-jose-marti-a-santo-domingo-IF3667468

3-Por la Independencia de Cuba: José Martí y Máximo Gómez firmaron el Manifiesto de Montecristi. (25 de marzo del 2015).Diario Dominicano. Recuperado de: http://www.diariodominicano.com/cultura/2015/03/25/194050/jose-marti-y-maximo-gomez-firmaron-el-manifiesto-de-montecristi

4-Trabajos sobre Jose Marti. Recuperado de: http://www.josemarti.info/articulos/index2.html

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s